lunes, 6 de febrero de 2017

Roma es amor al revés: Salmacis y Hermafrodito

Hermafrodito hijo del dios Hermes y de Afrodita, la diosa del amor.
Recibió este nombre porque su rostro reunía tantos rasgos de su padre como de su madre, de ahí su nombre.
Su madre al nacer le entregó a las ninfas, para que estas le criaran y le educaran.
A los quince años se fue a conocer mundo, se encontró con una fuente de aguas cristalinas y se bañó.
Salmacis la ninfa que habitaba aquella fuente se enamoró del joven al verlo desnudo y lo invitó a que hicieran el amor. Él la rechazó y la ninfa desapareció.
Cuando Hermafrodito se lanzó al agua, salió de ellas Salmicis, lo abrazó y lo besó, queriendo que este la poseyera.
Hermafrodito se resistió a los esfuerzos amatorios de Salmacis, que pidió desesperadamente ayuda a los dioses para que la ayudaran a poseerlo. Los dioses atendieron el ruego de la ninfa, de tal manera que los cuerpos de Salmacis y Hermafrodito fueron fundidos en uno solo, pero conservando los dos sexos y mostrando hermosos pechos de mujer y notorios testículos masculinos.
 Durante un tiempo Hermafrodito vivió confundido y en absoluta soledad, pues no congeniaba con los varones ni con las mujeres. De modo que invocó a sus divinos padres y les imploró que lo ayudaran a tener compañía de seres que fuesen iguales a él. Hermes y Afrodita encantaron el agua de la fuente de Salmacis para que todos los hombres que se bañaran en ella, se convirtieran en seres mitad hombre mitad mujer.

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